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Thomas A. King

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Thomas A. King

Mensaje por Invitado el Mar Ene 15, 2013 1:15 pm


Thomas Adam King
Thomas ▪ King ▪ 26 Años ▪ La Orden ▪ Humano ▪Homosexual ▪ Estadounidense

DESCRIPCIÓN FÍSICA
Tiene ojos color celeste cielo, muy atrapantes e hipnotizantes. Su piel es suave y su cuerpo está ligeramente trabajado. De sonrisa amplia y dentadura perfecta, dientes blancos y brillantes. Su pelo es negro y le gusta llevar distintos tipos de peinado, por lo cual lo cambia todo el tiempo. Suele también delinearse los ojos para hacerlos más notorios y atrapantes. Alto, mide 1.83 m, de espalda ancha y fuertes brazos. Su figura está enteramente armonizada y es sumamente fina.
DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA
Thomas solía ser un chico abierto, receptivo y alegre por sobre todas las cosas. Tenía muchos amigos y le era fácil relacionarse con la gente. Extremadamente hablador y charlatán, era también considerado por sus amigos el consejero por Excelencia… Pero todo eso cambió desde que llegó a Silent Hill. Una vez se vio envuelto en la hostilidad del fantasmagórico pueblo y hubo comprobado que no había salida ni retorno, habiendo tenido que valerse por sí mismo a la fuerza en un infierno en el cual matas o eres muerto, su mente se cerró y sus frescas cualidades lentamente se fueron desvaneciendo para dar paso a alguien callado y silencioso, desconfiado y prejuicioso.

Por supuesto el grupo en el que tomó parte tiempo después de su llegada también tendría su pesada influencia en estos cambios. Sin embargo, Thomas nunca perdió su empatía, tiene la capacidad de ver a través de las personas y llegar a intuir cómo se sienten. Si bien es callado, no dudará en hablar si tiene que hacerlo o si algo lo amerita, pero si no hay nada que decir que sea de utilidad prefiere mantener la boca cerrada. Eso lo aprendió por las malas y las marcas de los golpes en su cuerpo hablan por sí mismas.

Desarrolló una mente analítica y calculadora. Se podría decir que es un fiel ejemplo de la frase “Piensa antes de actuar”. Suele calcular todas las probabilidades de los posibles resultados de sus diferentes acciones antes de llevarlas a cabo. Si hay que hacer un plan de acción, Thomas será el primero en ofrecerse. No tiene alma de líder en sí, sólo le gusta llevar a cabo la parte logística.
Es algo hiperactivo. No puede quedarse mucho tiempo quieto en un solo lugar a no ser que esté concentrado haciendo algo. Si ese es el caso llevará su total atención hacia su tarea, olvidándose por completo del mundo exterior hasta que la termine.

Por último, pero no por eso menos importante, Thomas no suele ser una persona agresiva. De hecho es sutil y quien no lo conoce podría pensar que es suave o débil, dada la manera que tiene de hablar, moverse y llevar a cabo sus acciones.
GUSTOS
▪ Libros
▪ Cuchillos
▪ Matemáticas
▪ Arquitectura
▪ Demostrar su agradecimiento a La Orden
▪ Caminar por el bosque
▪ El aire fresco
▪ Sangre
▪ Dolor
DISGUSTOS
▪ Odia con toda su alma que le digan “Tommy”
▪ La idiotez
▪ El abuso de poder
▪ Todo ser que le recuerde a su padre
▪ La gente incompetente
HISTORIA
Una fiesta de un amigo en común hizo que los caminos de Albert y Michelle se unieran por primera vez. Luego de un tiempo de noviazgo y un hermoso casamiento decidieron dar a luz a un niño al cual llamaron Thomas. La infancia de Thomas fue complicada. Sus padres se encargaron de que nunca le faltase nada, aunque se desvivían para que eso sea así. Su madre se convirtió en un ama de casa y sacaba algún que otro dinero de sus hobbies como la artesanía y la pintura. También le gustaba tejer. Su padre trabajó en un decadente estudio contable durante los primeros años de Thomas y el sueldo que le pagaban apenas llegaba a cubrir sus necesidades esenciales, viéndose obligados a hacer recortes de aquí y de allá.

Harto de esa situación, Albert comenzó a buscar otro trabajo con suma urgencia para poder mantener a su familia como era debido. En el interín el estudio quedó en la bancarrota y la familia King quedó desempleada por unos meses, sobreviviendo apenas con los trabajos artesanales que Michelle realizaba. La aparición de un nuevo empleo parecía estar lejana y Albert cada día rejuntaba más ira y nervios. Hasta que un día explotó.

Una noche, una discusión luego de la cena fue la desencadenante de algo que luego se volvería casi una costumbre. Michelle estaba también claramente afectada por su situación económica pero se mantenía más tranquila, sin embargo Albert estaba cada minuto más irritable. Un comentario, quizás un poco fuera de lugar, un reproche de parte de Michelle por seguir desempleado hizo que Albert estallara en gritos contra su mujer. La discusión sólo aumentó y las agresiones no tardaron en mostrarse. Thomas estaba sentado al otro lado de la mesa, con su platito vacío y su vaso con motivos de animales de la selva, observando. ¿Que si entendía algo? Pues… entendía lo que cualquier niño de cuatro años podría entender, que mamá y papá estaban teniendo una charla de adultos y que no tenía que meterse en el medio porque sería de mala educación.

Pero algo estaba mal. Nunca los había oído gritar tanto. De repente, el tiempo se detuvo con el fugaz y seco sonido de un puñetazo que volteó a Michelle e hizo que cayera al piso con una mano en su rostro. Ella giró luego la cabeza para mirar a su marido, totalmente consternada, sin creer que eso estaba pasando. Thomas no resistió.

-¡Papá! ¡No le pegues a mamá!- rompió el silencio su aguda voz de infante.

Su padre se giró hacia él y lo tomó de un brazo, sacándolo de un tirón de la silla en donde estaba sentado y haciendo que cayera al piso.

-¡Tú! ¡Pendejo de mierda! ¡Tú me has arruinado la vida!- fue la respuesta de Albert. Acto seguido, arrastró a su hijo y lo soltó bruscamente en el lugar en donde se encontraba su madre quién instantáneamente abrazó al pequeño que ya estaba soltando cataratas de lágrimas que se ahogaban en un llanto de dolor e incomprensión. Albert subió las escaleras y fue a su habitación. Se tiró en la cama y se durmió.
Al día siguiente no se habló del tema, la tensión era evidente pero todos actuaron como si nada hubiera pasado. Eventualmente los nervios de Albert se redujeron pero en el camino hubo varios otros episodios como el anteriormente descripto.

Una afortunada mañana el teléfono de la casa sonó y anunciaron a Albert que había conseguido un puesto para trabajar en la bolsa de valores como accionista entre otras cosas. Albert creyó alcanzar el sueño de su vida. Los ingresos mejoraron y Thomas creció en un entorno más rico y despreocupado.

Fue un muy buen alumno en el colegio e hizo amigos instantáneamente. Su nivel de sociabilidad era increíblemente alto y Thomas caía bien a todo el mundo. Los años pasaron y la situación financiera mejoró, pero el padre de Thomas no. Al contrario de lo que había pensado, se encontró con un trabajo severamente estresante. Por períodos su puesto de empleo corría peligro y por otros la tranquilidad era mayor. Eso no fue algo bueno para los nervios de Albert y así fue cómo cada vez que su trabajo lo estresaba él se descargaba con su familia. Inmediatamente después de cada acto violento se disculpaba, y decía amarlos. Pedía que lo entiendan, que estaba muy nervioso y no medía algunas cosas.

Thomas recibió varios golpes y escondió marcas y moretones en su cuerpo por mucho tiempo. La vida en su casa era un infierno. Él se refugiaba de esa vida mediante el estudio. Eso lo hacía olvidarse de todo al menos por unas horas. Fue así que se avanzó en sus clases, leyó libros de años superiores y aprendió con muchísima más rapidez que cualquier otro. Otro método de descarga para él fueron unas clases de Karate a las que asistió por unos años, manteniendo así su buen estado físico. Llegó a participar en varias competiciones pero nunca obtuvo un premio mayor. Thomas nunca olvidará las palabras de su instructor:

-El karate no se trata de quién golpea mejor o en el momento justo. El karate es un arte que se comienza a practicar desde la mente. Es esencial que tu mente esté en paz para poder hacerlo bien y tu mente no está en paz, Thomas. Estás muy lejos de estar en paz.-

Intentó entonces una senda algo más espiritual con meditaciones y consejos de su profesor, pero nunca logró conseguir esa paz que tanto anhelaba ni siquiera momentáneamente. Frustrado, dejó el Karate a los doce años. A sus trece años comenzó a abrir un poco su mente y pensar las cosas un poco mejor. Las agresiones de su padre seguían estando presentes y su madre no hacía movimiento alguno para pararlo o ni siquiera para impedir que eso sucediera. En momentos de tranquilidad logró convencer a su padre para que recibiera asistencia psicológica, pero luego de dos sesiones dejó de ir alegando que estaba demasiado ocupado.

Pensó en decirle a la madre que lo denuncie. Averiguó sobre el tema, sólo para desilusionarse más; si su madre lo denunciaba probablemente las cosas sólo se pondrían peor. El proceso llevaría tiempo y mientras tanto Albert se volvería más violento. En el mejor de los casos lo pondrían en la cárcel pero y entonces ¿Qué harían su madre y él? Un ama de casa sin estudios universitarios y un joven de trece años. La misma pregunta se repetía cuando se planteaba la posibilidad de que sus padres se separen, aunque si era así Albert estaría obligado a pasarle dinero a Michelle para la mantención de Thomas y hasta que cumpliera dieciocho podrían vivir de eso.

Las ideas aparecían en la mente del ya adolescente pero así como aparecían se desvanecían. Llegaron sus catorce años y los ataques de su padre no parecían tener un punto final. Cada vez se volvían más violentos y peligrosos. Thomas no aguantó más y habló con su madre para que escaparan. Lo había planeado todo: desde en qué momento empacar hasta cómo hacer para no dejar rastro de ellos en la casa y que su padre no pudiera averiguar su paradero. Pero Michelle, temerosa y temblorosa, se negó. Ella seguía repitiendo que en algún momento todo eso iba a parar. Porque su padre los amaba.

La reacción de la mujer hizo que Thomas se enfadara con ella por ser tan ingenua y estúpida y así fue como comenzó una discusión entre madre e hijo. Pero su padre llegó tiempo después, haciendo que ambos callaran. Sin embargo su padre no ayudó a la situación, apareciéndose con un ataque de nervios y varias copas de más. Esta vez Thomas opuso resistencia y los golpes se repartieron entre padre e hijo. Michelle gritaba que pararan y lloraba como una condenada. La gota que rebasó el vaso fue cuando Albert, sumido en sus nervios, amenazó a su familia con un cuchillo de caza.

Hábilmente gracias a las técnicas aprendidas en Karate Thomas se lo quitó y tomó su mochila, saliendo de la casa al grito de –¡No pienso soportar más esta mierda!- pegando un portazo y alejándose de la morada a la cual nunca más regresaría.

Vagó por la ciudad en busca de un destino. Tenía bien en claro que no podía ir a casa de ninguno de sus amigos para no ponerlos en compromiso, ni tampoco podía acudir a sus familiares, principalmente porque vivían a varias horas de donde estaba él.


Llegando a Silent Hill...

Llegó a la carretera y comenzó a hacer dedo. Varias horas más tarde un transportista lo levantó. Cuando le preguntó hacia dónde iba, Thomas no supo qué decir, por lo cual respondió con otra pregunta, inquiriendo hacia dónde se dirigía el amable chofer del camión. Le dijo el nombre de una ciudad que no conocía, ubicada a dos días de manejo desde donde estaban. Pensó por un momento en acompañarlo hasta su destino final, mientras más lejos, mejor, por lo cual eso fue lo que respondió… Pero al cabo de unas horas ya no pudo disimular su inquietud. Estaba incómodo y necesitaba ir al baño, sin mencionar que tenía hambre y que ya no soportaba estar sentado en ese camión.

-Cambié de opinión. Déjeme en el próximo pueblo- alegó. Luego de preguntarle si estaba realmente seguro, el chofer manejó unos minutos más hasta que el cartel de la entrada de un pueblo de asomó por la ruta: “Silent Hill”. Otro pueblo que no conocía, pero qué importaba. Seguro sería bueno para empezar una nueva vida. El nombre… “Silent Hill”… “Silent”… “Silencioso”… “Silencio”… era algo que le agradaba y anhelaba. Bajó entonces en la entrada del pueblo y agradeció por el aventón. Lentamente y con un poco de miedo, por qué negarlo, se adentró a la neblinosa y desconocida ciudad…

No imaginó nunca que se encontraría con lo que se encontró: un infierno en la Tierra misma. Sobrevivió como pudo durante los primeros meses, valiéndose de su cuchillo de caza para defenderse y durmiendo con un ojo abierto por si el peligro acechaba. Tiempo después se encontró con unas… ¿Personas? ¿Había personas en ese lugar? Sí, sí las había, y parecía ser que conocían bien el lugar. Viéndolo joven e inocente, y con mucho potencial, le ofrecieron entonces una manera de sobrevivir, una seguridad, una protección. Un grupo de personas conformaban una secta llamada “La Orden”.

Thomas se mostró dubitativo, pero terminó accediendo. No había salida en ese pueblo y estar en las calles no era lo que quería para su futuro… o al menos su futuro inmediato. Había tenido que comer cosas horrorosas y la gente de La Orden se lo encontró cuando descuartizaba a un perro en un ataque de ira e impotencia. Quizás ellos tendrían comida, un lugar para dormir, pero lo más importante, algo por lo que vivir.

Habiendo aceptado las normas del grupo, y venerando a sus nuevos Dioses, Thomas es iniciado como miembro oficial de La Orden luego de un rito de iniciación bastante particular. Sus preguntas no se hicieron esperar pero su insolencia fue severamente castigada con torturas físicas. Sí, ha pagado por ello. Entonces así fue como aprendió a hablar sólo lo necesario y al estar la mayor parte del tiempo con el grupo se le volvió una costumbre.

Terminó lo que pudo de sus estudios con los libros que encontró en la ciudad y se metió de lleno luego en la investigación de la Arquitectura, estudiando física, matemática y devorando cada libro que encontraba acerca del tema. Llegó a volverse algo maniático con los cálculos matemáticos, pero ¿A quién podría molestarle? Participó en algún que otro rito y a medida que pasaron los años se volvió devoto a los dioses que veneraba. Ya casi no pensaba en salir de la ciudad, de hecho llegó a pensar que tenía suerte de haber llegado allí. Cierto orgullo creció en él por formar parte de ese grupo y no dudó -ni duda- en expresar su gratitud haciendo lo que le ordenen y llevándoles sacrificios siempre que puede. Hay más condenados sueltos de lo que parece en esta ciudad, la maravillosa ciudad de Silent Hill… ¿Será que estaba alcanzado la paz que tanto anheló desde su niñez?

EXTRAS
-Miedos/Fobias: Secretamente teme que su padre haya matado a su madre. Si bien con el tiempo se desvanece más y más, todavía conserva la esperanza de volver a ver a su madre algún día.
- Tiene dotes musicales, le gusta cantar y tocar la guitarra. A veces compone poemas, aunque prefiere los números a las letras.
-Familiares:

Albert King {63 Años – Vivo}: Tipo extremadamente nervioso con ciertos brotes de psicopatía. Generalmente está calmado y se lo ve bien pero cuando una situación lo sobrepasa y se le va de las manos se vuelve agresivo y violento. Llevó una relación muy confusa con su hijo y su esposa debido a esto. En los tiempos en que se encontraba estable charlaba y hacía actividades deportivas junto a su hijo, llegando a formar un lazo estrecho y armonioso con mucho cariño de padre. Pero cuando los nervios atacaban, su hijo era víctima de agresiones verbales y físicas al igual que su esposa, razón por la cual Thomas siempre tomó con pinzas todo lo que provenía de eso hombre.

Michelle Andersen {58 Años – Viva}: Dulce, tierna, amable y amigable. Una excelente madre que siempre lo ha dado todo por Thomas. El cariño que le tiene a su madre es inmensurable y desde pequeño es algo que le ha hecho saber, y por supuesto era mutuo. Sin embargo, Michelle también es algo ingenua y débil. Esto último fue realmente un obstáculo en la vida de Thomas y es por eso que le tiene cierto resentimiento muy al fondo de su corazón, pero es más el amor que siente por ella. (Más detalles en la historia)

- No ha tenido oportunidad de estudiarlo profesionalmente, pero es excelente para las tareas y los cálculos lógicos; Matemáticas y Física por sobre todas las cosas, con conocimientos también en Estadística y Arquitectura.

CODIGO: Sólo la oscuridad abre y cierra las puertas de Silent Hill
diseñado por shiki @ sourcecode


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Re: Thomas A. King

Mensaje por Cheryl H. Mason el Mar Ene 15, 2013 1:53 pm



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